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Editorial diciembre 2009

diciembre 24, 2009

Si vis pacem, para bellum

Llega la Navidad al Mundo Occidental, consumismo, regalos, y la tasa de suicidios más alta del año, y a siete mil kilómetros del Corte Inglés, los Reyes Magos de la OTAN se asegurarán de que los afganos reciban su correspondiente dosis de carbón e intervencionismo militar. En Afganistán, por supuesto, también tendrán suicidas navideños, talibanes, que se inmolarán en aras de su guerra declarada al gobierno títere de Karzhai.

Mientras tanto, Obama en su trono presidencial de la Casa Blanca acaricia el Nobel a la joven promesa de la Paz. Aunque el mediatizado presidente norteamericano no ha cumplido sus promesas electorales acerca del cierre de Guantánamo, mantiene la pena de muerte dentro de sus fronteras y su país sigue siendo líder en inversión armamentística, ninguno de estos argumentos parece haber sido suficiente para evitar que en la academia del Nobel se hayan hecho los suecos. Quizás los gurús escandinavos se dejaron llevar por la campaña del “Yes We Can”, ciertas dosis de esperanza política y algo de racismo positivo. Esto podría explicar una nominación tan prematura.

Aunque según el actual Nobel de la Paz “Tiene que haber una estrategia de salida” para Afganistán con el propósito de transmitir “la sensación de que esto no es algo perpetuo”,  Afganistán lleva ocho años en una guerra en la que las fuentes oficiales indican que ya han muerto más de diez mil civiles y más de mil quinientos soldados aliados. Las perspectivas para el futuro no son demasiado prometedoras. El portavoz de la Casa Blanca ha anunciado recientemente el envío de treinta mil nuevas tropas, lo que supondrá que el contingente americano superará el centenar de miles de militares,  que seguirán destacados en Afganistán durante al menos ocho o nueve años más. Esto significa que no será Obama el presidente que “termine el trabajo” en Afganistán, aunque fuese elegido para un segundo mandato.

La titubeante estrategia de los mandatarios estadounidenses podría resumirse con la máxima latina “Si vis pacem, para  bellum”, si quieres la paz, prepara la guerra. Pero detrás de esta cita no encontraremos la paz que propugna la academia sueca, sino la pax americana. Esta guerra no se hace para “frenar el deterioro de la seguridad del país asiático”, sino para que la industria armamentística siga teniendo una razón de ser y satisfacer el insuflado pensamiento maniqueísta del norteamericano de a pie.

¡Feliz Navidad!

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